La salud mental en el trabajo ha cobrado la importancia que merece y ahora forma parte de la ley. Por fin, la normativa evoluciona para prevenir los riesgos psicológicos en el trabajo. Hoy veremos cómo afecta a las empresas en la práctica.
Estrés laboral: datos recientes en España
El estrés laboral es una respuesta física y emocional que aparece cuando los recursos con los que una persona cuenta son insuficientes para hacer frente a las exigencias del puesto de trabajo. Un cierto nivel de presión es normal, pero cuando la demanda es muy alta y se prolonga en el tiempo, termina afectando a su bienestar y a su rendimiento en la empresa.
Las consecuencias no son solo cansancio o insatisfacción, sino que son más intensas. Los efectos habituales son ansiedad, problemas para conciliar el sueño o descansar correctamente o dificultad para concentrarse. Para la organización, supone una reducción en la productividad y un mayor riesgo de baja laboral. El ambiente de trabajo también se puede ver afectado; aumentan los conflictos dentro del equipo y se favorece la rotación de personal.
Según la encuesta OSH Pulse 2025 de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA), en España, estamos por encima de la media en Europa, con un 40% de los trabajadores que señalan que su trabajo les causa ansiedad o depresión. Los problemas de salud mental ya son la segunda causa de baja laboral en España. Tienen un coste de unos 60 mil millones de euros al año, que representa aproximadamente el 4,2 % del PIB. Somos uno de los países en la UE con peores indicadores de salud mental.
Por eso, la legislación española ha evolucionado para abarcar la salud mental en el trabajo. La regulación, como veremos a continuación, incluye el derecho a desconectar una vez finaliza la jornada o la limitación de esta, entre otras medidas.
Salud mental en el trabajo: cambios con la nueva ley
La prevención de riesgos laborales en España se va actualizando de manera constante para adaptarse a la realidad del mercado de trabajo. El cambio más importante es la incorporación explícita de los riesgos psicosociales y de la salud mental dentro de las obligaciones preventivas de las empresas.
Aunque la reforma continúa su tramitación legislativa, el anteproyecto aprobado por el Gobierno tiene una dirección clara. Desde que entre en vigor, las empresas deberán prestar una atención mucho mayor a factores como el estrés, la fatiga mental, la carga emocional, la desconexión digital o la organización del trabajo. Las medidas más relevantes son las siguientes:
Evaluación obligatoria de los riesgos psicosociales
Los riesgos psicológicos y sociales tendrán que valorarse de manera específica en la organización. Para ello, se analizará la carga de trabajo, la presión temporal, la autonomía, las relaciones laborales o la claridad de las funciones.
Las empresas ya no podrán limitarse a evaluar riesgos físicos o ergonómicos como hasta ahora. Todos aquellos factores que afectan al bienestar emocional también formarán parte de la planificación preventiva.
Mayor protección frente al estrés laboral
La reforma se centra en el estrés como un riesgo laboral que debe ser parte de las acciones de prevención. Por tanto, la empresa tendrá que identificar qué causas organizativas pueden generar situaciones de estrés a largo plazo y tomar medidas para reducirlas. Por tanto, la atención no está ya en las consecuencias, sino que se analiza el origen del problema.
Refuerzo del derecho a la desconexión digital
El teletrabajo y los modelos híbridos dificultan que desconectemos del trabajo y las jornadas tienden a alargarse indefinidamente. Si bien el derecho a la desconexión digital ya existía, ahora se reforzará su aplicación en la práctica. Se debe garantizar que no haya comunicaciones laborales en el tiempo de descanso.
Más responsabilidad en la planificación preventiva
La salud mental en el trabajo se tendrá que abordar como un todo y no solo con acciones aisladas. Es decir, que estos riesgos se tendrán que incluir en el sistema general de prevención y demostrar que existen medidas concretas para gestionarlos. Por ejemplo, formación, protocolos internos, seguimiento de indicadores y una mayor implicación de la dirección a la hora de crear un entorno de trabajo que sea saludable.
Apoyo especializado en prevención con Empatif
Para poder adaptarse a estos cambios que introducirá la nueva ley, se necesita una gestión preventiva completa. Además de cumplir con la normativa, hay que desarrollar estrategias para identificar los riesgos, formar a los equipos y mejorar el bienestar de las personas.
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